Deporte, no decorado
En esta columna, Camila Castelli reflexiona sobre la forma en que todavía se representa a las mujeres en el deporte. A partir de una publicidad protagonizada por Sydney Sweeney, cuestiona una lógica que prioriza la imagen femenina por sobre el esfuerzo, la competencia y los logros deportivos, y propone poner el foco en todo lo que las mujeres son capaces de hacer.
Sydney Sweeney protagonizó una publicidad que, un poco en broma, terminó dejando en claro algo que no tiene nada de gracioso: que seguimos entendiendo la participación de las mujeres en el deporte como algo lindo de ver, casi obvio, como un decorado.
Una presencia estética antes que una presencia real. Algo que si aparece tiene que aparecer de forma atractiva y sexual.
Lo que este episodio deja a la vista es exactamente un mecanismo lamentable: cuando una marca necesita "vender deporte", el recurso más rápido sigue siendo el cuerpo femenino desnudo, no el cuerpo femenino compitiendo.
Es un patrón.
Que triste que todavía no se entienda que las mujeres participamos en el deporte de forma competitiva. No de forma decorativa, no como acompañamiento visual de otra cosa que está pasando (la cual si es entretenida).
Participamos con fuerza, con método, con la misma ambición de mejorar que se le reconoce automáticamente a cualquier deportista varón sin que nadie tenga que aclararlo. Con la misma ambición.
Esa aclaración no debería hacer falta. Y sin embargo hace falta, porque la imagen por default que la cultura tiene guardada de una mujer haciendo deporte sigue siendo la de alguien que se ve bien haciéndolo, no la de alguien que está ahí para ganar.
Se nos permite el esfuerzo siempre y cuando el resultado visual sea prolijo. El día que el esfuerzo real “feo” (el que transpira, el que se equivoca, el que no es estéticamente cómodo) aparece en primer plano, deja de encajar en el molde que se construyó para nosotras.
El objetivo nunca fue cómo se ven nuestros cuerpos.
El objetivo es todo lo que esos cuerpos son capaces de hacer: correr una distancia que antes no podían, levantar un peso que antes no podían, sostener un ritmo, una técnica, una estrategia.
Ahí está el verdadero logro, y es un logro que no tiene nada que ver con cómo queda la foto.
El deporte te sostiene en momentos en los que no tenes muchas más cosas de dónde agarrarte: te da estructura, te da un lugar donde medirte contra vos misma, te da una forma de estar en tu cuerpo que no pasaba por cómo te ves sino por lo que podes sostener.
Por eso pedimos, con todo respeto, que nos den exactamente esos mismos mensajes: los de fuerza, los de mérito, los de competencia. No solo los de estética.
Que la próxima vez que una marca quiera "vender deporte" se le ocurra mostrar a una mujer ganando, no a una mujer posando.
Mientras tanto, nosotras seguimos. Seguimos tomando terreno en cada espacio que siempre nos correspondió, con o sin publicidad que lo entienda.